Aunque las organizaciones puedan citar medidas específicas de ciberseguridad como prioridades, lo que realmente importa es cómo actúan. Esta fue una de las conclusiones clave de nuestro primer Informe sobre la Readiness para la Recovery cibernética, en el que colaboramos con GigaOm para encuestar a 1.000 responsables de TI y seguridad de todo el mundo.
Al analizar las organizaciones más resilientes, observamos que aplicaban numerosas medidas, pero hubo cinco prácticas que destacaron a la hora de determinar su verdadera Readiness. A estas prácticas las denominamos «indicadores de madurez» (véase «5 indicadores de Readiness para la recuperación cibernética», más abajo).
Las organizaciones que cumplen cuatro o cinco criterios se consideran «cibermaduras». Estas empresas afirman sufrir menos incidentes de seguridad y recuperarse más rápidamente cuando se producen.
Sin embargo, nuestra encuesta reveló que solo el 4 % de las organizaciones ha implantado los cinco indicadores, y apenas el 13 % aplica al menos cuatro. En la parte inferior de la curva de madurez, el 14 % no cuenta con ningún indicador clave.
Aunque menos de la mitad de todas las organizaciones se muestran seguras respecto a sus planes de Recovery, más de la mitad de las organizaciones con un alto nivel de madurez cibernética (54 %) se muestran considerablemente más seguras de su capacidad para recuperar sistemas y datos críticos tras un incidente grave.
5 indicadores de Readiness para la recuperación cibernética
El nivel de madurez cibernética de una organización puede medirse a partir de cinco indicadores. Las organizaciones más maduras y mejor preparadas en materia cibernética cumplen cuatro o cinco de ellos:
- Herramientas de seguridad que permiten la alerta temprana sobre riesgos, incluidos los riesgos internos.
Las herramientas de seguridad de alerta temprana son tecnologías y sistemas diseñados para detectar posibles amenazas cibernéticas antes de que puedan causar un daño significativo. Estas herramientas tienen como objetivo identificar los riesgos en la fase más temprana posible, lo que permite a las organizaciones actuar de forma proactiva en lugar de reactiva. Entre los ejemplos se incluyen los sistemas de detección de intrusiones, la tecnología de engaño, los sistemas de prevención de intrusiones, la gestión de la información y los eventos de seguridad, el análisis del comportamiento de usuarios y entidades, y la detección y respuesta en terminales.
- Se dispone de un «lugar oscuro» o de un sistema secundario del que se sabe que está libre de contaminación.
Mantener un entorno de recuperación aislado, preconfigurado o dinámico (por ejemplo, una sala limpia) que no se vea afectado por los incidentes cibernéticos que se produzcan en la sede principal. Esta sede secundaria puede activarse rápidamente para garantizar la continuidad del negocio y la integridad de los datos en caso de un ciberataque o un fallo grave. Mejora la resiliencia cibernética al proporcionar una opción segura de conmutación por error, lo que minimiza el tiempo de inactividad y las complejidades de dicha conmutación.
- Un entorno aislado para almacenar una copia inmutable de los datos.
Consiste en mantener una copia independiente y físicamente aislada (es decir, inmutable e indeleble) de los datos, protegida tras la infraestructura de un tercero. Los datos permanecen inalterados y protegidos frente a las amenazas cibernéticas, incluidos el ransomware y las acciones maliciosas del personal interno. Mejora la integridad y la disponibilidad de los datos, y ofrece una opción de Recovery fiable en caso de corrupción o pérdida de datos.
- Se han elaborado manuales de procedimientos, funciones y procesos para la gestión de incidencias.
Una capacidad fundamental para la resiliencia cibernética que permite dar una respuesta estructurada y eficiente ante los incidentes cibernéticos. Los manuales de actuación probados ofrecen instrucciones paso a paso para gestionar distintos tipos de incidentes, lo que reduce la confusión y el tiempo de respuesta. Las funciones y los procesos claramente definidos garantizan que cada miembro del equipo conozca sus responsabilidades, lo que fomenta la coordinación de esfuerzos. Esta preparación agiliza la recuperación y ayuda a mantener la continuidad operativa durante y después de los incidentes cibernéticos.
- Medidas específicas para demostrar la Readiness para la recuperación cibernética y la gestión del riesgo.
Métricas y pruebas que demuestran la capacidad de una organización para recuperarse de incidentes cibernéticos y evaluar los riesgos asociados. Estas medidas, como los simulacros periódicos de Recovery y las evaluaciones de Risk, permiten conocer la eficacia de los planes de Recovery e identificar posibles vulnerabilidades. Son importantes, en particular, para la resiliencia cibernética, así como para la preparación, la validación de las estrategias de Recovery y para poner de relieve los aspectos que deben mejorarse.
Descarga el informe completo para obtener más información sobre cómo tu organización puede estar mejor preparada ante una filtración de datos.